Esta semana se escenifican en nuestro país dos momentos políticos que, aunque con sus diferencias, hablan de cosas parecidas. Por un lado, tenemos el encuentro impulsado por Gabriel Rufián y Emilio Delgado este miércoles. Unos días después, Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Comuns y Más Madrid reafirman su espacio y dan un paso al frente para afrontar el periodo electoral desde el próximo sábado.
Aunque con sus diferencias, desde Alcorcón vemos con optimismo el debate que se está dando porque creemos que se dan algunas claves que consideramos esenciales de cara al ciclo político en el que estamos inmersos desde hace ya unos años. Elementos que consideramos importantes también en lo municipal, y que desde Ganar Alcorcón hemos estado trabajando durante la última década.
Esas claves las podemos resumir en tres palabras centrales: cercanía, certezas y unidad.
Los resultados de las elecciones de Extremadura y Aragón tenemos que leerlos desde la preocupación, pero también desde la esperanza. Preocupación porque son la última escenificación del avance reaccionario a costa de un bipartidismo que no ha superado su crisis de representación, abierta hace ya al menos 15 años. Vox sigue creciendo, y lo hace en gran medida a costa de un electorado joven. Esto significa que han conseguido instalar entre una parte nada despreciable de la población quiénes son los enemigos generacionales que les están robando el futuro: los inmigrantes, la corrupción sanchista, las políticas woke. Y no lo hacen porque convenzan a su electorado desde el raciocinio de los datos: apelan desde lo emocional a los sentimientos de incertidumbre ante el futuro y de haber perdido el control sobre sus propias vidas.
Vox crece apelando a la emoción y a la incertidumbre, no al “raciocinio de los datos”.
Pero siempre hay espacio para la esperanza. El espacio transformador y progresista no ha menguado en los últimos procesos electorales (en todo caso, se ha reorganizado). En Extremadura, la candidatura Unidas por Extremaduraprácticamente duplicó su resultado. En Aragón, el conjunto de fuerzas progresistas más allá del Partido Socialistasuma en porcentaje lo mismo que Vox en su momento cumbre. Todo ello a pesar de la fragmentación, cuyo resultado inmediato fue perder escaños por el camino. Y en ese proceso destaca el resultado de la Chunta Aragonesista.
Aún quedan varios procesos electorales hasta que llegue el momento de votar en las municipales de 2027. Pero, ante este escenario, ¿qué lecturas podemos extraer para nuestros municipios? Lo primero de todo es que los proyectos asentados en el territorio, cohesionados y que trabajan día a día por proponer alternativas y soluciones a la ciudadanía, se valoran positivamente. Hay que tener cuidado con los experimentos de última hora, así como con las ideas de desvincular del terreno las transformaciones que se propongan para nuestras regiones, pueblos y ciudades.
La cercanía es un valor que vuelve a coger un peso fundamental en el debate público. Y el lugar desde el que se están construyendo las identidades políticas que sirven como refugio frente a un futuro incierto y una crisis generacional que lo atraviesa todo. Desde formaciones municipalistas como Ganar Alcorcón entendemos bien este proceso. En Alcorcón siempre hemos defendido que las decisiones que afectan a nuestros vecinos y vecinas tienen que tomarse en la ciudad: es la mejor forma de garantizar que los intereses de la ciudadanía estén por encima de las directrices que se toman en ciertos despachos de Madrid.
La cercanía y el territorio como refugio político frente a la incertidumbre.
‘Madrid’, entendido como un concepto amplio donde se concentran todos los poderes del país, ha caminado a menudo en una dirección distinta, si no opuesta, a los intereses defendidos desde los territorios. En Alcorcón tenemos bastantes ejemplos. Con la vivienda tenemos el caso más doloroso, pues es el problema estructural que está lastrando cualquier avance social impulsado desde el equipo municipal o desde el propio gobierno central. El Pleno municipal ha defendido en numerosas ocasiones su exigencia de declarar nuestros barrios como zonas de mercado residencial tensionado para poder frenar la subida de los precios de los alquileres. Una subida que, sinceramente, da vértigo: hoy alquilar una habitación en Alcorcón cuesta lo mismo que un piso entero hace apenas tres o cuatro años. La respuesta de Madrid, desgraciadamente, era previsible: un no ideológico y sectario. Una respuesta que, sin embargo, no aplicó el PP de la Xunta en A Coruña. Madrid, Madrid…
“Hoy alquilar una habitación en Alcorcón cuesta lo mismo que un piso entero hace tres o cuatro años”.
Pero va más allá, y el problema no es solo el Partido Popular. En el sur lo vemos claro con otro ejemplo sangrante como es el transporte público de la ciudad. Las obras impulsadas desde la capital para soterrar la A-5 se tomaron a espaldas de los vecinos y vecinas del sur de la región. Cortaron el paso del transporte público en una de las arterias de la Comunidad, y todo ello sin dar alternativas a las miles de personas que diariamente se desplazan para trabajar desde ciudades como Alcorcón, Móstoles o Navalcarnero.

A esto se le suma un servicio de Cercanías que se cae a cachos, con retrasos diarios que nos roban horas de vida en el ir y venir. Y una ampliación de la C-5 hasta Navalcarnero, servicio que vertebraría el suroeste madrileño, bloqueada legislatura tras legislatura independientemente de quien gobierne. Lo mismo pasa con el Metro y la negativa del Consorcio a ampliar la L-10 a barrios como el Ensanche Suro llevarla hasta Móstoles. El resultado es un bloqueo total de nuestro transporte en las horas punta, y una ciudadanía que siente desamparo de las instituciones que deberían velar por sus intereses.
Las decisiones tomadas desde Madrid impactan en el día a día del sur como el transporte público.
Decisiones tomadas desde Madrid que dejan a los vecinos del sur de la región madrileña como ciudadanos de segunda. Las cúpulas del bipartidismo se echan los trastos los unos a los otros dependiendo del color político que administre según qué cosa, y pidiendo con la boca pequeña las cuestiones en las que sí podrían influir desde las cúpulas de sus partidos. Pero el bloqueo lo pagamos todos.
Ante este tipo de disyuntivas, un proyecto como Ganar Alcorcón resistió al pasado ciclo electoral en un momento de retroceso de las fuerzas transformadoras. Nuestra formación municipalista supo dar una visión de futuro alternativa, cercana y asentada en la ciudad que nos llevó a reeditar un gobierno municipalista y progresista en Alcorcón. Por eso no nos sorprende que formaciones como Unidas por Extremadura o la Chunta Aragonesista hayan sido el espejo donde miles de ciudadanos y ciudadanas han podido verse representados, alejados de las dinámicas de Madrid.
En un contexto de inestabilidad global, donde la revolución tecnológica de las IAs avanza sin ningún tipo de control ético o social, donde se nos niega el acceso a una vivienda (ya ni siquiera ponemos el apellido ‘digna’) y los precios suben a un ritmo muy superior al de nuestros salarios, la comunidad que se crea en el territorio actúa como el último refugio en el que confiar: la red que puede dar certezas a nuestras vidas, desde donde poder pensar un proyecto vital.
Pensar desde el territorio y anteponer los intereses colectivos de tu comunidad a los de quienes especulan con nuestro futuro desde Madrid
En esto consiste el municipalismo, al igual que el regionalismo en sentido amplio: pensar desde el territorio y anteponer los intereses colectivos de tu comunidad a los de quienes especulan con nuestro futuro desde Madrid. Y eso se construye desde un espacio cohesionado y lo más amplio posible en nuestros pueblos y ciudades. Se hace desde la cercanía que te brinda el vivir los mismos problemas de los que te rodean, desde la exigencia de una mayor soberanía y autonomía política. Y, por supuesto, se hace ofreciendo un horizonte de futuro que dé certezas, ilusión y esperanzas a nuestros vecinos y vecinas.
Los adversarios que tenemos que enfrentar son quienes especulan con nuestras vidas desde un despacho de Madrid, no los vecinos y vecinas que llegaron a nuestro país en avión o en patera buscando una oportunidad. Ahí se encuentra una de las claves que marcarán el rumbo político en los próximos meses.
