La Comunidad de Madrid ha aprobado un Plan de Gestión entre 2022 y 2026 para paliar los daños a la biodiversidad que origina la superpoblación de cabra montés en el Parque Nacional de la Sierra del Guadarrama (PNSG), priorizando la modalidad de captura y envío de estos animales a otros territorios para repoblarlos frente al abatimiento de estos animales.

Este plan sustituye a otro aprobado en 2016 y que fue anulado por el Tribunal de Justicia de Madrid (TSJM) debido a que el documento no fue sometido a información pública. Antes ya había estaba suspendido por una denuncia del partido animalista PACMA.

Ahora, han aprobado un nuevo proyecto para realizar un control de las poblaciones autóctonas frente a invasoras o bien de su número mismas cuando su exceso supone una amenaza para la biodiversidad. Este es el caso de la cabra montés (Capra pirenaica), un gran ungulado endémico de la Península Ibérica desde el Paleolítico.

Montes en la Sierra de Guadarrama (Foto: Comunidad de Madrid)

Los especialistas han considerado como método más eficaz y sostenible un modelo de extracción mixta donde se pongan en práctica distintas modalidades, por lo que se combinaría la extracción en vivo para repoblaciones de otros entornos, «así como el control cinegético de la cabra contando con el apoyo o colaboración de sociedades locales, debido al gran conocimiento que tienen del territorio, y de asociaciones expertas en caza para que, bajo la dirección del equipo técnico del PNSG, formen parte del control de la especie».

«En ningún caso será actividad deportiva, prohibida en el ámbito de los parques nacionales, sino una colaboración de expertos locales en tareas de control de ungulados bajo la coordinación del parque, como contempla el Plan Rector de Uso y Gestión», recalcan.

Plan de cinco años para reducir la población a la mitad

El objetivo del plan establecido ahora es «ajustar la población de la cabra montés hasta alcanzar el equilibrio óptimo adecuado tanto a la capacidad del medio como a los parámetros ideales teóricos fijados para la especie».

Los técnicos regionales han observado un decaimiento en el bienestar de la propia población, medido por indicadores biométricos y de estructura que manifiestan cambios en los rasgos taxonómicos respecto al patrón propio de la especie, en hechura y tamaño de las extremidades.

La población actual es de 6.293 ejemplares (38 ejemplares/km2) mientras que la población ideal teórica es de 1.945 (11,57 ejemplares/km2). El Plan pretende reducir, en estos cinco años, la población a la mitad «para ir mitigando los daños y lograr en la etapa final una pirámide poblacional más racional, priorizando siempre la extracción en vivo para repoblaciones».

En años posteriores, el propósito es continuar analizando y trabajando en dos fases más para la revisión de parámetros y el mantenimiento adecuado de las densidades y bienestar de los animales.

Asimismo, la Consejería de Medio Ambiente pretende mantener la calidad del paisaje propio y tradicional de la zona, «conservando los elementos naturales característicos y mejorar las condiciones de bienestar animal de la especie mediante la mejora de la distribución espacial y mantenimiento de hábitats adecuados, zonas de enmascaramiento y refugios térmicos».

Aumento exponencial

Las Guerras Napoleónicas, la presión ganadera y la caza redujeron las poblaciones de esta especie a pequeños grupos en Gredos, Pirineos y las montañas del este peninsular. Las actuales presentes en la región proceden de su reintroducción en 1990 con ejemplares procedentes de Gredos y de la Reserva de Caza de Las Batuecas.

Desde entonces la población de cabra montés del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama ha aumentado de manera exponencial, actuando como colonizadora. Su tasa de crecimiento y las densidades acumuladas no son naturales ni están en equilibrio con el medio, ya que las poblaciones de herbívoros evolucionan durante miles de años junto con las especies de flora y fauna de su entorno y siempre están reguladas por depredadores que controlan su abundancia, pero no ha sido así en este caso.

En este momento alcanza en determinadas zonas del Parque Nacional densidades hasta cuatro veces más altas de las que admite el ecosistema y, como hemos señalado, se debería reducir a alrededor de 1.950.

Vista del mirador de Vicente Aleixandre, en la ruta de los Miradores de los Poetas, en Cercedilla (Foto: EP)

Los grupos presentes en este espacio cuentan con un gran número de estudios realizados en los últimos diez años, que han permitido conocer su salud, población, enfermedades, distribución en la Sierra de Guadarrama, necesidades, comportamiento o efectos sobre la vegetación y el suelo del Parque Nacional. En los mismos han colaborado investigadores de las Universidades madrileñas Complutense, Politécnica, Autónoma y UNED y los resultados han permitido fijar las bases científicas del plan.

Asimismo, se facilitan la adquisición o extracción de ejemplares por lo que se espera que aumente la demanda de ejemplares en vivo para repoblar otros territorios, a los que responderá el Gobierno regional y que permitirá reducir la tasa de capturas. Las extracciones para la repoblación se realizan desde 2010 y han permitido repoblar territorios con más de 600 cabras procedentes del PNSG tras haber sido testadas y analizadas para comprobar su estado de salud e idoneidad.

Daños en el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama

La gran densidad de cabra montés ya está provocando importantes daños ambientales en el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama que se han constatado en los diferentes estudios realizados, según señala la Consejería de Medio Ambiente.

Entre ellos, hay daños sobre la vegetación y sobre especies de flora protegidas derivadas del sobrepastoreo de la especie, produciéndose incluso una pérdida importante de diversidad en los pastizales de cumbre. Afectan a la floración y fructificación de muchas especies vegetales, llegando incluso a incidir en la desaparición de musgos y líquenes en las superficies rocosas, apuntan.

Dos caballos en las inmediaciones de la senda de los poetas, en la ruta de los Miradores de los Poetas, en Cercedilla (Foto: EP)

Además, desplazan a otras especies de fauna o las hace desaparecer como la mariposa Apolo, «que se alimenta de este tipo de plantas nutricias el caso más destacado». También repercute en un aumento de la erosión, con pérdida significativa de suelo en muchas zonas y con movimiento de arenas y rocas. Se puede atribuir a la sobrepoblación de cabras una pérdida de suelo anual de 4.000 metros cúbicos al año.

En gran densidad, puede desencadenar problemas sanitarios, como la sarna como ha ocurrido en otras zonas de España con similar superpoblación de cabras. Y además, «resulta un peligro para la seguridad vial y para los núcleos de población cercanos ya que atraviesan carreteras».

Actualmente se estima que la población de cabra montés se sitúa en el Parque Nacional en dos núcleos poblacionales bien diferenciados: el situado en la parte sur, distribuida por Cuerda larga, Sierra de lo Porrones, la Pedriza, Sierras de Morcuera y Altos del Hontanar, y la población de los Montes Carpetanos, distribuidas desde el macizo de Peñalara hasta el puerto de Navafría. En estos puntos es donde mayores daños se constatan al acantonarse los rebaños en estas zonas.

Olga Martín

Periodista especializada en el ámbito digital. Cuenta con más de 15 años de trayectoria profesional como redactora en diferentes periódicos, agencias de noticias y cadenas radiofónicas, aunque en...

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