En las fronteras que unen Alcalá de Henares con Torrejón de Ardoz, se extiende un terreno cargado de historia y naturaleza: el Soto de Espinillos. Este espacio, que en su día fue un próspero complejo agrícola y vitivinícola, testimonia hoy un profundo contraste entre su pasado floreciente y su presente olvidado.
A finales del siglo XIX, el Soto de Espinillos comenzó a trazar su relevante trayectoria histórica. Tras cambiar de manos en 1878, la finca se transformó bajo la gestión de Enrique Allendesalazar y Gacitúa, un influyente Teniente Coronel de Caballería. Bajo su dirección, el terreno se convirtió en una granja experimental para la ‘Sociedad Española contra el Ganado Híbrido’ y vio nacer uno de los últimos vinos alcalaínos, el ‘Tinto del Soto de Espinillos’.
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