OPINIÓN CARLA E. VALERO: «Hace más de una década, el 15M encendió una chispa. Una chispa de indignación, sí, pero sobre todo de ilusión y empoderamiento colectivo. Nos mostró que la ciudadanía, cuando se articula y se autoorganiza, tiene la capacidad de redefinir el statu quo. Unos días después de que el bipartidismo siga demostrando, aún más si cabe, que son los mismos, ante el avance de la derecha y la extrema derecha, no es momento de tibieza.
Es la hora de la izquierda valiente se levante, que no se arrugue, que no ceda ante el capital y el poder. Una izquierda fuerte, que no tiemble al mirar a los ojos y señalar a quienes pretenden retrotraer nuestros derechos fundamentales.
No nos engañemos, la batalla no es solo política, es epistémica. Es una disputa por el relato, por la verdad, por el sentido común. Y en esta contienda, la vieja guardia que repite hasta la saciedad la fábula del «lobo que viene» no nos sirve.
Esa narrativa, que traslada la responsabilidad a unos pocos y busca la inacción, es un anestésico político que debemos rechazar. La responsabilidad es nuestra, del pueblo organizado, de las bases que no claudican. Unidad Sí, pero con el Pueblo Soberano.
«Es la hora de la izquierda valiente se levante, que no se arrugue, que no ceda ante el capital y el poder. Una izquierda fuerte, que no tiemble al mirar a los ojos y señalar a quienes pretenden retrotraer nuestros derechos fundamentales»
Se habla mucho de unidad. Pero ¿unidad con quién? Nuestra unidad es con el pueblo, con la gente trabajadora, con quienes sufren la precariedad y la desigualdad. No hay unidad posible con quienes, en un letargo de dos años, olvidan sus principios y solo «despiertan» en año electoral. No hay unidad con quienes se pliegan ante los retrocesos, se adueñan del trabajo ajeno y buscan su beneficio propio antes que el colectivo.

Hay que señalar sin ambages a quienes dicen ir en contra de las puertas giratorias pero no tardan en cruzarlas. A quienes se autoproclaman animalistas pero se mantienen de brazos cruzados durante años. A quienes se declaran feministas y/o ecologistas pero recortan derechos o demuestran una inacción flagrante en la mejora de nuestras zonas verdes. La coherencia política no es un capricho, es una exigencia.
Blindar el Estado del Bienestar: Nuestra Trinchera de Derechos
Para combatir el embate reaccionario, necesitamos políticas valientes que digan las cosas tal y como son. Que no les tiemble la mano al señalar al corrupto, a quien blanquea políticas de retroceso. Es imperativo blindar nuestros servicios públicos: la sanidad, la educación, la dependencia. Son el hardware de nuestra seguridad social, las infraestructuras de nuestra vida digna. Queremos ciudades dignas, concebidas por y para la ciudadanía, no para el capital inmobiliario o la especulación. La lucha por una vivienda digna, por el agua en Parla, por el hospital de proximidad; todas son manifestaciones de este imperativo ciudadano.
«Es imperativo blindar nuestros servicios públicos: la sanidad, la educación, la dependencia. Son el hardware de nuestra seguridad social, las infraestructuras de nuestra vida digna»
Los derechos no se mendigan, se conquistan con ruido. La tibieza política nunca ha ganado una batalla. Los avances en políticas LGTBI+, en la lucha contra el racismo, en el feminismo, en la justicia social, han sido siempre fruto de la presión popular, de la movilización constante, de la valentía de quienes no se conformaron con la inercia.
Memoria Histórica y Antifascismo: No Olvidar Para No Repetir
Y en este camino, la memoria histórica es nuestra brújula. Recordamos a quienes perdieron su vida para que nosotros disfrutemos de lo que tenemos. La dictadura de Franco no es un capítulo cerrado, es una cicatriz que nos interpela. La pérdida de derechos, la represión brutal, el oscurantismo ideológico. No podemos ni debemos permitir que algo así vuelva a suceder. Las políticas antifascistas no son una opción, son una obligación democrática. Es el firewall que protege nuestras libertades.

Entonces, ¿qué tipo de izquierda queremos ser? ¿La que lucha incansablemente por cada derecho, por cada avance social, por una sociedad más justa y equitativa? ¿O la que se arruga ante el poder, cede ante los intereses de unos pocos y se conforma con las migajas? La respuesta es clara: la historia nos exige valentía, coherencia y acción. Es hora de construir ese horizonte imparable»
