ARTÍCULO DE OPINIÓN/ «El 28 de mayo de 2023 Ganar Alcorcón obtenía un 16% de los votos y desequilibraba una contienda electoral municipal ajustadísima. Estos resultados permitirían a la formación municipalista alcanzar un acuerdo de Gobierno dónde adquiriría el mayor peso institucional de su historia, conservando áreas clave como la gestión de los residuos, el alumbrado o el empleo y sumando otras fundamentales para el desarrollo de la ciudad tales como Cultura o Seguridad Ciudadana.
Todo esto ocurría en una coyuntura de retroceso general donde el agotamiento del ciclo del 15-M se traducía en la pérdida de plazas icónicas para el municipalismo democrático tales como Barcelona, Cádiz o Valencia, mientras el mapa local y autonómico se teñía de azul a lo largo y ancho del país, salvando contadas excepciones como la aquí relatada.
¿Qué hizo diferente Ganar Alcorcón?, ¿cómo obtuvo estos resultados en un contexto general de retroceso del municipalismo democrático?, ¿cómo logró rentabilizar cuatro años de cogobierno sin disolver su acción política frente al Partido Socialista?, ¿cómo logró dibujar un perfil político propio que le hizo competitivo en una contienda electoral donde las referencias autonómicas del resto de opciones políticas eran más fuertes?
Intento responder, a modo de balance, a algunas de estas cuestiones con la aspiración de que la experiencia de Alcorcón pueda ser útil para todas las personas que se embarquen en la dura tarea de militar en las filas del municipalismo, la democracia y el progreso.
Tres debates para una hipótesis municipalista y una hoja de ruta propia
Ganar Alcorcón nació en 2015 con la oposición a su candidatura tanto de Podemos como de Izquierda Unida Comunidad de Madrid (la vieja IUCM), aunque posteriormente estas organizaciones (o sus herederas) acabarían incorporadas como parte del proyecto.
Este hecho fundacional forjó un estilo político propio basado en un debate político, intelectual y estratégico bajo coordenadas autónomas. Esto cuajó en un lenguaje compartido, una complicidad entre sus miembros y un compañerismo militante, lo que facilitó la construcción de una agenda política común que trascendía a los intereses de cada una de las partes.
Fruto de este debate interno se desarrolló una hipótesis de acción política durante tres momentos.
El primero de ellos fue en el año 2018. En aquel momento el Partido Popular gobernaba Alcorcón y la pregunta fundamental era cómo derrotarlo. Tras haber asentado el proyecto en la oposición se identificó que las claves para marcar la diferencia se encontraban en dar respuesta a la crisis de representación que, a nivel local, cristalizaba en el problema de las basuras. La conclusión fue que quien fuera capaz de dar una respuesta a ese problema sería percibido como capaz de dar respuesta a todos los demás y tendría ventaja para simbolizar el cambio.
El segundo fue en 2019 tras la entrada en el Gobierno municipal. En aquel momento se trató de responder a cómo participar en un cogobierno como socio menor. La conclusión fue huir del dilema clásico de la izquierda (disolverse en el gobierno o ser su ala crítica) y aspirar a pasar a la ofensiva afirmando el cogobierno como una conquista propia y atreviéndose a liderar el rumbo de la ciudad.
El tercero fue en 2021, tras el fin de la pandemia y la aparición en el horizonte del nuevo ciclo electoral. La pregunta de aquel momento era cómo cambiar el estado de ánimo apático del progresismo para reactivar las fuerzas que en 2019 habían hecho posible la excepción alcorconera. La conclusión fue profundizar el carácter municipalista de Ganar Alcorcón y tratar de reordenar el tablero político alrededor de la disputa por el sentido del futuro de la ciudad.

2015-2019: Un “Alcorconazo” para el regreso de la esperanza
El diagnóstico hecho en 2018 apuntaba a una enorme crisis de representación, especialmente avivada por la crisis de recogida de basuras que atravesaba el municipio. Este problema no era sólo de gestión, sino que contenía una fuerte pulsión ideológica sobre el rumbo de la ciudad, pues detrás del mismo se encontraba la aspiración del Partido Popular de privatizar la última empresa pública del municipio, encargada tanto la limpieza como la recogida de residuos.
La conclusión fue que la tarea política prioritaria pasaba por construir pueblo. Liderar una ofensiva democrática y popular donde abanderáramos la solución al problema de la limpieza pues quien fuera capaz de resolver el problema principal sería percibido como capaz de resolver todos los demás. Una suerte de cadena de equivalencias en la que quien representa la solución al principal problema del municipio sería percibido como representante del cambio político en su conjunto.
Bajo esa hipótesis, el candidato, Jesús Santos, presentó un plan de limpieza en un acto abarrotado de vecinas y vecinos donde el cambio tomó forma de un riguroso plan de gestión viable y directamente relacionado al fortalecimiento de la empresa pública del municipio, ESMASA.
Se trataba de combinar los atributos de cambio y de orden como vía para afirmarse como una alternativa, a la vez, solvente y transformadora de gobierno.
Ganar Alcorcón también se lanzó a por la disputa de la identidad municipal mediante la articulación de retórica, símbolos y lugares comunes que generaran una referencialidad alcorconera municipalista, progresista y democrática. Su punto más elevado sería la campaña “Súmate al Alcorconazo” que trató de construir una movilización preelectoral alrededor de la épica victoria de la Agrupación Deportiva Alcorcón 4-0 frente al Real Madrid, evocando una narrativa municipalista a la vez que un mensaje sugerente, donde el pequeño da la sorpresa y derrota al poderoso.
La campaña electoral tuvo como lema “En Alcorcón regresa la esperanza”. Junto a la limpieza, se enunciaron planes de cambio para las diferentes áreas del municipio y se desplazó el eje “izquierda-derecha” (favorable a los intereses de los partidos tradicionales) por los ejes “dentro-fuera” y “abajo-arriba” hasta el punto en que el propio Santos afirmó en mítines y entrevistas que “esto no es ideológico, es que han venido de fuera a destrozarnos nuestro pueblo” o que “vamos a demostrar que los trabajadores podemos gestionar mejor que esa panda de burócratas”.
El resultado fue casi un 18% de votos en mayo de 2019, más que en 2015. Fuerza que permitió sellar un acuerdo de Gobierno por el cambio y consolidarse como una de las principales excepciones de ese ciclo electoral, marcado por un retroceso general de todo el espacio.

2019-2021: Convertir la esperanza en acción de Gobierno y la gestión en garantía de futuro
La entrada de Ganar Alcorcón en un cogobierno junto con el Partido Socialista abrió el debate sobre cómo encarar una legislatura en la que había que resolver los principales problemas de la ciudad a la vez que se garantizaba la continuidad del proyecto municipalista.
El dilema de los cogobiernos cuando no eres la fuerza principal suele simplificarse en centrarse en gestionar, a la espera de que la ciudadanía racionalmente valore los resultados, o marcar la diferencia constituyéndose como el ala crítica del ejecutivo. Ganar Alcorcón hizo una apuesta valiente y pensó fuera de la caja: Cambio, orden y liderazgo. Su respuesta fue afirmar el cogobierno como un éxito propio y tratar de liderar el rumbo de la ciudad.
Tras el acuerdo con el PSOE, Ganar Alcorcón se hizo, entre otras áreas, con la gestión de la empresa pública de limpieza y recogida de basuras, ESMASA. Jesús Santos asumió la tenencia de alcaldía y la Presidencia de la entidad pública jugándosela todo a su principal promesa electoral: o resolvía el problema de las basuras o dimitía.
En un año, la crisis había sido resuelta. En dos, la gestión ya se encontraba profesionalizada y normalizada. En tres, Alcorcón era referencia de gestión pública para el municipalismo de todo el país. En cuatro, ESMASA se afirmaba como motor de las principales transformaciones de la ciudad.
Los éxitos en la limpieza y la recogida de basuras, contrastados año tras año en las encuestas de satisfacción, eran los éxitos de todo el gobierno y los éxitos de toda la ciudad. Eso elevó rápidamente a Jesús Santos como la figura más conocida del gobierno municipal y como el principal agente del cambio. Le dio perfil propio y justificó el papel de Ganar Alcorcón como un actor protagonista de la vida municipal.
Una de las claves de que todo esto cuajara en un circuito virtuoso entre buena gestión y capitalización política fue la articulación de un estilo propio de gobierno: el Gobierno de calle. No se trataba únicamente de gestionar, sino de imprimirle a la acción de gobierno un estilo propio que portara los atributos de cercanía propios del municipalismo. El dilema entre gestionar o marcar la diferencia se superaba, precisamente, con un estilo de gobierno que permitía gestionar de manera diferente, que era capaz de ser resolutivo, directo y eficaz.
El cambio no cesó en toda la legislatura. Se enfrentó con rigor y cercanía tanto la pandemia como Filomena, se consolidó el papel de la empresa pública, se acometieron infinidad de cambios concretos en diversas áreas y se remunicipalizaron una decena de servicios, entre ellos la gestión del alumbrado público. Frente a los errores, no hubo miedo de escuchar y rectificar.
Además, la empresa pública alcanzó acuerdos de innovación o inversiones compartidas con gigantes como Repsol, afirmándose como motor industrial de un municipio que, ahora sí, estaba recuperando la esperanza. Aquí se fraguó uno de los principios del éxito: Con Ganar Alcorcón nunca se dejaba de avanzar.
Ganar Alcorcón protagonizaba los principales cambios de la ciudad, lo hacía con un estilo propio y definía el rumbo de las transformaciones. No es sólo que su gestión diera resultados, sino que gobernaba construyendo un liderazgo moral e intelectual que definía el rumbo de la ciudad.
Resolver los problemas del día a día a la vez que se sembraban semillas de futuro. En esa tensión se navegó durante la primera mitad de la legislatura en la que se disputó el sentido del cambio. Pero había que ir más allá.

2021-23: Otro futuro es posible porque Alcorcón vuelve a sonreír
En el año 2021, se abrió la tercera reflexión en la que se diagnosticó que las corrientes políticas de fondo eran de retroceso y que los síntomas de un cierre de ciclo eran ya evidentes. La conclusión principal fue la necesidad de refundar Ganar Alcorcón para profundizar su carácter municipalista y realinear sus objetivos.
A finales de año, Ganar Alcorcón enunció los tres grandes objetivos del gobierno, volviendo a asumir su liderazgo intelectual, moral y, ahora, también político: convertirse en la Capital del Reciclaje, ser una Ciudad Violeta y transformarse para ser una ciudad Joven.
“Alcorcón, Capital del Reciclaje” no era sólo un lema sino un mito de gobierno, el de una ciudad que era capaz de pasar de una crisis en la recogida de las basuras a convertirse en todo un referente que liderara la transición ecológica en el sur de Madrid. Una meta colectiva que le daba un sentido a la legislatura a la vez que movilizaba a toda una comunidad, invocando el orgullo municipal por causas y valores compartidos cargados de futuro.
Además, el último año de Gobierno fue de avances. En septiembre de 2022 se anunciaba una solución al CREAA, que acogería el mayor centro de España para la prevención de la violencia de género. El CREAA fue un macro-complejo cultural promovido en la década de los 2000 que nunca fue terminado y cuya parálisis evocaba a los tiempos en los que explotó la burbuja inmobiliaria. El simbolismo de que la solución viniera en colaboración con el Gobierno de coalición progresista de España contribuiría a activar los apoyos al Gobierno municipal en la recta final de la legislatura.
Antes, en marzo de 2022, hubo un antes y un después. Ganar Alcorcón convocó una asamblea refundacional bajo el lema “Convirtiendo la esperanza en acción de Gobierno y gestión en garantía de futuro”. Ganar hacía balance de la legislatura, se afirmaba como una fuerza 100% alcorconera y anunciaba un proceso de escucha para diseñar el Alcorcón de la próxima década.
Durante un año, Ganar Alcorcón centró su acción de partido en encuentros y acciones para recoger el sentir vecinal sobre el estado del municipio. Tradujo todo esto en un proyecto de ciudad. En marzo de 2023, justo un año después de abrir el proceso de escucha, se presentaba el proyecto para diseñar el futuro de Alcorcón bajo el lema “Otro futuro es posible”.
La campaña electoral se planteó en clave puramente alcorconera. El lema “Alcorcón vuelve a sonreír” buscaba conciliar los éxitos de la ciudad durante este periodo de gobierno con las aspiraciones de un proyecto a ocho años para el municipio. Cambiar el estado de ánimo hacia una ciudad orgullosa de su identidad y con hambre de futuro en materias como el empleo, la transición ecológica, la igualdad o el desarrollo urbano.
La campaña combinaba una acción ininterrumpida a pie de calle, donde el objetivo ambicioso fue que Jesús Santos interactuara presencialmente con más de 20.000 personas, con una narrativa esperanzadora que llamaba a recuperar la ilusión en el futuro con proyectos concretos, reivindicando que había que poner la política al servicio de la felicidad de las personas. El papel del liderazgo de Santos fue clave, llegando a estampar su cara en la papeleta electoral.
Ganar Alcorcón hizo una campaña diferente en la que se hablaba de futuro, dando charlas, conversando vecino a vecino e incluso exponiendo en la plaza pública paneles dónde se explicaban sus planes para la ciudad. El resultado fue casi un 16% de los votos en un contexto de descalabro general del espacio político. El gobierno municipal se resolvió por algo más de 40 votos, lo que llevó a un recuento extraordinario de todos los votos nulos en la junta electoral.
Los resultados finales hicieron posible la consolidación de una nueva coalición donde Ganar Alcorcón obtuvo el mayor peso de gobierno de su historia y consolidaba la excepción alcorconera. Se cerraba el ciclo con una victoria en un océano de derrotas. Al día siguiente, el presidente del Gobierno convocaría elecciones generales anticipadas, pero esa es otra historia.

Algunas conclusiones
El ciclo empezado en 2015 se cerraba con menos de lo que se hubiera esperado, pero con mucho más de lo que la coyuntura definía como posible.
Porque en la política transformadora, los éxitos son siempre una transacción entre la potencia de los deseos y los límites que nos impone la realidad. La clave para avanzar está en organizar los primeros y no rendirse frente a los segundos. Convertir los deseos en estrategia para traducirlos en planes de acción política y comprender la verdadera naturaleza de los límites para empujarlos hasta donde sea posible.
Ganar Alcorcón hoy enfrenta grandes retos como el cambio de ciclo político, el agotamiento del periodo inicial de transformaciones rápidas (al estar frente a una segunda legislatura de gobierno) o la recomposición estatal de un sistema de partidos más tendiente al bipartidismo. También internos, tales como la promoción de nuevos cuadros, la adecuación al nuevo contexto y su capacidad de relación con un espacio progresista estatal en periodo de mutación.
Porque si algo han demostrado los municipalista es su enorme capacidad de leer la coyuntura, escuchar a sus vecinos y dar respuesta a las nuevas realidades. También la responsabilidad de conjugar las procedencias partidarias diferentes con la necesidad de una agenda propia de la ciudad. Hipótesis, estrategia y metas compartidas porque, para funcionar, un proyecto debe ser más que la suma de sus partes.
Flexibles en la táctica, firmes en los principios. Ganar Alcorcón encara, como ya es costumbre, un periodo incierto con las mejores de las herramientas.
Sin embargo, este análisis debe venir acompañado de un ejercicio de humildad, reconociendo que las experiencias territoriales sólo ganan sentido en una dimensión político-electoral territorial determinada (en este caso, la municipal). Fuera de esta dimensión, la fuerza no vale igual, tal como demuestra el voto dual elección tras elección. Esto es fundamental para no caer en la arrogancia y creerse poseedor de un apoyo electoral que, en última instancia, es patrimonio exclusivo de la ciudadanía y responde a un mandato representativo concreto. No olvidemos que el voto es una relación política entre el ciudadano y sus representantes en la que se responde a unas preguntas políticas determinadas en una dimensión, un contexto y una coyuntura. Podemos extrapolar las lecciones a otros ámbitos de actuación política, pero no los votos. Hacer esto sería una falta de honestidad intelectual, a la par que una mala práctica política.
En clave general, la experiencia de Ganar Alcorcón puede servir para estimular la confianza en nuestras propias fuerzas frente a un nuevo ciclo que se presenta lleno de adversidades. pero, no por ello, desprovisto de oportunidades.
Porque la mayor lección que podemos sacar de este periodo es el de la potencialidad de la política.
La misma no consiste, únicamente, en gestionar espacios preexistentes, sino en atreverse a pensar la política más allá del sistema de partidos. Pensarla como algo vivo, como una relación con el propio pueblo que experimenta, en su día a día, los efectos de un sistema-mundo capitalista que sobrepasan, por mucho, el juego de la actualidad política o mediática.
La política transformadora es la que se atreve a crear nuevos espacios y no se conforma con gestionar los que le vienen dados. La que piensa más allá de la coyuntura y la que diseña sus planes a medio y largo plazo. La que, frente a los límites, no se resigna, sino que se esfuerza en hacer un ejercicio de imaginación política sobre cómo ampliarlos y de valentía para llevar sus conclusiones a la práctica.
Recetas locales con vocación universal. Porque la única batalla que se pierde es la que no se libra. Sirva este ejemplo de estímulo para todo aquel que, desde su posición, humilde o aventajada, no cese en su empeño por empujar, innovar y crear experiencias políticas para avanzar hacia un mundo mejor.
David Comas Rodríguez es politólogo por la Universidad Complutense de Madrid, con máster en Liderazgo por la Universidad Carlos III y Máster en Política Mediática por la UCM. Fue Director de Estrategia y de las campañas electorales de Ganar Alcorcón en 2019 y 2023.
