«Se puede vivir sin salir a la calle», dicen las religiosas ante el confinamiento de la población por el coronavirus

REGIONAL/ 16 DE MARZO DE 2020/ “Nosotras estamos muy acostumbradas y lo vivimos con la mayor naturalidad, porque no salimos diariamente a la calle, más que a por el pan o a tirar la basura”, comenta Sor Luz Divina, la Hermana Mayor del Convento de las Mercedarias Descalzas de la Purísima Concepción en Madrid, que como otras monjas de clausura tranquilizan a la población al asegurar que “se puede vivir sin tener que salir a la calle”.

Así lo atestigua Sor María, la Hermana Mayor del Monasterio de Santo Domingo el Real de la calle Claudio Coello, asegurando que se puede vivir incluso con “un poco de estrechez si hay necesidades”, comenta en relación al confinamiento de la población en sus casas que están reclamando las autoridades para hacer frente a la crisis del coronavirus.

A pesar de todo, ellas también han notado un ambiente distinto en Madrid durante estos días, tal y como confiesa Sor María Amada de Jesús, la Hermana Superiora del Convento de las Trinitarias Descalzas de San Ildefonso, quien tras acudir ayer al dentista notó que “había muy poca gente por la calle”.

Su convento está situado en pleno centro de Madrid, en la calle Lope de Vega, y en él conviven un total de trece religiosas que están viviendo la epidemia con preocupación, porque “nos llegan noticias de que está muriendo mucha gente y de que esto va a toda marcha, como dicen ahora”, explica, incidiendo en que no encienden la televisión y en que las noticias les llegan por la señora que atiende la portería.

Es la misma fórmula que utilizan las trece religiosas que componen la comunidad de concepcionistas franciscanas que conviven en el Convento de San Pascual en el Real Sitio de Aranjuez: “Nosotras no oímos noticias, solo las que nos da la gente”, dice la hermana María Anunciación, que tan solo ha salido del convento en los últimos días para acompañar en el hospital a una compañera de 95 años que ha estado ingresada.

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Vida contemplativa

Ellas también viven con normalidad la clausura que se ha impuesto en la sociedad durante estos días: “Pasamos el día trabajando, hacemos bordados, tenemos que limpiar la casa y tenemos también nuestras horas de rezo. Digamos que nuestra vida contemplativa de monja de clausura la llevamos muy bien”, confirma María Anunciación, encargada de atender al teléfono y al timbre.

Imagen interior del Convento de San Pascual en Aranjuez (Foto: Patrimonio Nacional)

El suyo es un convento gestionado por Patrimonio Nacional, que también ha tomado medidas ante la crisis sanitaria y ha trasladado la orden de que no entre nadie en el convento durante los próximos días: “Nos están trayendo todas las cosas al torno, pero no abrimos a nadie, ni siquiera a algún trabajador”, dice la religiosa, que en estos días rezan “mucho más” de lo habitual y a petición de la gente que les llama y les dice “pidan ustedes…”

Las visitas también se han restringido en el Convento de las Trinitarias Descalzas de San Ildefonso, donde han sido canceladas las visitas previstas a la tumba de Cervantes, que se en los últimos tiempos se ha convertido en lugar de peregrinaje y que congrega a una media mensual de ocho o diez grupos de no menos de diez personas.

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Una situación más compleja se ha vivido estos días en el Convento de las Mercedarias de la Purísima Concepción, en la calle Luis de Góngora, una congregación de ocho religiosas de clausura y apostolado que gestiona un colegio de Infantil y Primaria con más de un centenar alumnos que, desde el pasado martes, se ven obligados a recibir clase a través de una plataforma online, tras el cierre de los colegios decretado por la Comunidad de Madrid para frenar la expansión del COVID-19.

En todo caso, tanto ella como el resto de responsables de los conventos madrileños piden a los ciudadanos que sigan las normas establecidas por las autoridades sanitarias, porque “todos tenemos que pensar en los demás y no en nosotros mismos”, dice Luz Divina, animando a los madrileños a emprender otra medida complementaria: la oración.

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