En la pista de Bormio, bajo el Stelvio blanco de nieve y expectativas, Ana Alonso ha escrito este jueves una de las páginas más emocionantes del deporte español reciente. La esquiadora andaluza, de 31 años, se ha colgado la medalla de bronce en la prueba femenina de sprint de esquí de montaña (skimo) en los Juegos Olímpicos de Invierno que se están celebrando Milano-Cortina (Italia).
No solo debutaba en una cita olímpica, si no que, además, Alonso venía de una lesión que le dejó la rodilla destrozada tras un atropello, por la que no quiso pasar por quirófano.

Con todo, ya ha hecho historia para nuestro país, porque la suya es la primera en esta disciplina. El bronce conseguido por Alonso se suma, pues, a las seis únicas medallas españolas en los Juegos de Invierno.
Con la rodilla desecha
La gesta de la esquiadora española va más allá de la obtención del metal. En septiembre pasado, mientras entrenaba en bicicleta por las carreteras de Sierra Nevada, fue atropellada por un coche, sufriendo una rotura del ligamento cruzado anterior y del ligamento lateral interno de la rodilla izquierda.
A la fractura se unieron un edema óseo, fractura del maléolo y una luxación acromioclavicular en el hombro. Aquello parecía poner fin, incluso antes de empezar, a su sueño de competir en Milán-Cortina.
La andaluza fue de menos a más en la competición y tras superar las semifinales, ha conseguido el tercer mejor tiempo que le ha valido el bronce.
Sin embargo, la respuesta de Alonso, como acaba de demostrar, ha superado los pronósticos médicos y deportivos. Optó por no pasar por quirófano para así intentar llegar a la cita olímpica, soportando un proceso de recuperación exprés que la llevó a trabajar casi a diario en fisioterapia, gimnasio y entrenamiento adaptado durante más de cien días.
Alonso fue de menos a más y después de superar las semifinales con el tercer mejor tiempo, mantuvo una competitividad impresionante frente a rivales de renombre y logró cruzar la meta en tercera posición.
