Han hecho falta 15 años de insistencia investigando en soledad y una Ley de Memoria Democrática para cumplir la promesa que Consuelo García del Cid Guerra (67) hizo a sus compañeras de encierro en el reformatorio ‘El Buen Pastor’ de Barcelona hace 50 años. Es decir, contar todo lo que vivieron mientras estuvieron ‘ingresadas’ en las instituciones pertenecientes al Patronato de Protección a la Mujer durante la dictadura franquista. De hecho, Consuelo es el origen de que se sepa qué ocurrió detrás de los muros de esos reformatorios religiosos.
Bajo el lema ‘velar por la mujer caída o en riesgo de caer y que desea recuperar su dignidad’, el dictador Franco reactivó el Patronato en 1.941. A partir de entonces, cumplió con los mandatos represivos de la moral franquista y colocó en su punto de mira a todas las mujeres que no seguían el patrón establecido. Y ahí, cabía todo. Huérfanas, pobres, madres solteras, víctima de violación, hija de preso, que fumara por la calle o se besara en al última fila del cine.
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