El uso de las plataformas de contenidos no ha parado de crecer. Desde que empezó la pandemia, además, ha sido difícil encontrar a alguien que no tuviera al menos una de las más populares: Netflix, HBO o Disney.

Su uso se ha democratizado transformando también las televisiones que se emplean para ello, más inteligentes, con más resolución y con una pantalla más grande. Ver series no es algo que se haga por azar, ahora es una elección totalmente consciente, tanto es así que muchas personas cuentan con su propia Vpn Movistar – si esa es la compañía con la que opera – para saltarse los controles y límites regionales.

Sí, así es. Las plataformas no dan acceso a todas las series en todos los lugares del mundo. Por ejemplo, habrá algunas que se ven en España que no se puedan ver en Estados Unidos y viceversa.

Con una VPN – Virtual Private Network – a través de la cual realizar la conexión, estos límites son burlados sin dejar rastro, desbloqueando contenidos a los que antes no se había tenido acceso.

La popularidad de las plataformas, aumentada considerablemente también durante los meses de confinamiento, ha cambiado las reglas del juego y la manera de consumir televisión en familia, pero no sólo.

Entre el alto número de oferta televisiva tradicional y las plataformas digitales lejos quedaron aquellas escenas en las que una familia se sentaba alrededor de la televisión, ya más propias de Cuéntame que de nuestro tiempo actual.

Las plataformas están terminando definitivamente con los videoclubs

Igualmente, la facilidad en el acceso a películas ha hecho que terminara de dar la puntilla a los ya vintage  videoclubs. En todo el país, como se publicó recientemente, quedarán alrededor de 300, una cifra demasiado baja para lo que fue en su día.

El atractivo de este negocio ya no es el alquiler de películas, sino todo lo que rodea a ello y, sobre todo, a los grandes clásicos. Las personas que suelen ir son más un perfil de coleccionista que un simple espectador al que le apetece ver una película una tarde de domingo.

En algunos de los pocos que aún quedan se han convertido en la resistencia y, en muchos casos, intentan hacer actividades complementarias, como organizar cine fórums u otras relacionadas con el sector.

Lo que está claro es que las plataformas digitales han venido para quedarse, tanto las de contenidos como las de música, ahí está Spotify que cada vez se llena más de podcasts de la radio tradicional.

Nunca la música y el cine estuvieron tan al alcance de la mano, tanto que muchos estrenos se hacen ya en plataformas, como sucedió con Soul en Disney y que ocasionó múltiples quebraderos de cabeza a la productora.

Los tiempos están en transición, la digitalización es imparable y hay que tener cierta cintura para saberse adaptar sin querer renunciar a la esencia de las cosas y sin olvidar cuál fue el punto de partida. Las modas son cíclicas y así como poco a poco está volviendo el disco en vinilo, es posible que los no tan antiguos DVD se recuperen, resucitando, quién sabe, también a los videoclubs que se han quedado por el camino en la última década.

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